Para nuestra sorpresa y quizás para muchas personas que hacen esta experiencia, el volcán de fuego no es el protagonista. 

Caminar entre la subida de los volcanes para acercarse cada vez más al volcán de fuego, en nosotros,  será el recuerdo que más aparezca en el cuerpo y mente.  

Una ruta que cuenta tanto. 
Que cuenta sobre quienes la suben y la bajan.
Que cuenta sobre quienes la guían y sus necesidades.
Una ruta que cuenta sobre quien la construye, y sobre a quién sostiene económicamente.
Una ruta que cuenta la historia de aquellos que empiezan emocionados y al poco tiempo se dan cuenta de la experiencia tan exigente que eligieron. 
Una ruta que sostiene desde que fue descubierta, las fuerzas físicas y mentales de quienes necesitan de los turistas y de las propinas por cargarles las maletas. 
Una ruta que lleva a tantas personas a la confrontación mental y física, con la promesa de una gran recompensa como lo es la vista del fuego y las sensaciones que trae. 

La subida de 7 horas atestigua la determinación a la que puede llegar alguien por gusto como los turistas y alguien por necesidad como la mayoría de sus guías. 

La falta de oxígeno por sus 3.900 metros sobre el nivel del mar, brota la pregunta en diferentes mentes…“¿en qué me metí?”.
Tierra suelta, color negro o gris en la mayoría de las partes, cuenta la historia de volcanes inactivos que reciben las pisadas necesariamente determinadas de sus guías, turistas, perros y caballos. 

El calor del cuerpo generado en cada ser viviente en una subida con un desnivel hasta de 1,500 m sin duda es de los motores que sostienen el trayecto. 
Parar con los grupos para descansar e hidratar se va haciendo cada vez más anhelado en la subida. 
Se siente tangible como el cuerpo agradece la proteína, los carbohidratos y el azúcar.

Esta ruta camino hacia el volcán, nos va contando sobre su desarrollo con el paso del tiempo. 
Los cultivos al inicio, las tiendas en cada parada, los baños construidos rústicamente, y los campamentos ! 

El verdadero protagonista de esta experiencia es la ruta sin duda. 
Los paisajes de este lugar escuchan la exhalación de alivio de las personas que han logrado llegar a los campamentos. 

El cuerpo se empieza a enfriar.
La temperatura disminuye.
El sueño llega y pide descanso total. 
El frío empieza a penetrar.
Retumba en todo el espacio el volcán con su erupción.
Lava color naranja se esparce por el pico del volcán.
Se llega al gran premio. 
La vista es increíble, la sensación irrepetible. 
Se siente, se presencia la fuerza y el alcance de la naturaleza. 

Majestuoso el volcán de fuego de Acatenango. 

Convence a todos quienes decidimos ir a verlo y sentirlo, de que la experiencia es presenciarlo…pero estas fotos que ha hecho Andrés Lozano, nos recuerdan a quienes lo hemos subido, que antes que esta obra de la naturaleza, se marcará en cada cuerpo, la huella de lo que es recorrer el protagonista de esta experiencia: su ruta.

Texto escrito por: Daniela Montoya Gomez

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